GARRAPIÑADAS SIN THALBERG




En la madrugada
el cielo no se apiada,
el Merlú suena dentro,
no dibuja las calles zamoranas.

La lluvia pertinaz no concede tregua.
Las llaves del desastre
tintinean la oración del penitente.

Debajo de la desolación
acostumbrados al calvario
acomodados en la pena
ellos entonan la melodía
donde el dolor no cansa.

Ejercitan el músculo de la resignación
donde la pena se baila al son del Thalberg.

Garrapiñadas sin pasos
sin reverencia
sin vida en las aceras
sin sopas de ajo
sin dolor de pies,
sin ebrios al alba...

Rendidos,
procesionan la decepción camino a casa.
Y la fe de todos
se queda líquida
a la espera.

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