ESTAR SANA, ¿ES UN MILAGRO?



Le hablé al sonido sordo
y apretado mi vientre contuve la respiración.
Nada había
nadie dudó un sólo segundo
la bata más blanca pronunció mi nombre inacabado
me dolía  un poco más dentró
con mordida boca
con calcinada envoltura
mi mano derecha
terció el final de la camilla.
Los minutos
daban tregua a la incertidumbre
la piel destilaba impaciencia
la quietud dormitaba sin mucho sentido.
Un verbo terminó por ajustar el molde
un térnimo punzante
una esquina en su sitio
evito la caída.
Nada tienes
nada pasa
ni tu pie tiene lo que tiene
ni tus nuñecas tienen lo que tienen
ni tus pulgares
ni tu índice
ni tu meñique...

Estarás contenta, me dijo.
No, estoy confusa,
no entiendo nada.
Me duele. 

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