NADA LO CURA

El dramatismo cayó en picado,
es fácil abstraerse de lo humano
contagiarse de lo divino
que luce tan bien y a todos gusta.

He comprendido
que venga quien venga a ponerse delante
nunca recobraré el color de mis mejillas.

Y es que tengo sentimientos purulentos
de esos que amarillean las sienes
y por ahora
nada lo cura.

Vino una mujer soñada
miró mi cabeza detenida y escrupulosamente,
dijo que el color no parecía alarmante
pero a mí no me convencen
las curanderas que visten de marca
y calman su avaricia con pulseras de quilates salvajes.

Yo me sé de tinta de calamar
lo que pasa en mí dentro
en mí centro y en los extremos,
lo sé, porque me lo gritan a la cara
los impertinentes espejos en los que tengo
la manía de mirarme.

También las muertas somos coquetas
qué se le va a hacer...




5 comentarios:

  1. Un poema que ausculta, muy bueno.

    Besos, zamorana.

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  2. poema de los que pellizcan. Besos Begoña.

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  3. Los espejos nunca mienten, si no les mentimos a ellos...así que sigue mirándolo y guiñándole el ojo...

    Un achuchón Bego!
    Kike

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  4. lo cortés no quita lo valiente, muerta pero coqueta. Precioso poema.

    Un beso.

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  5. sana lo cura

    imposible no sentir leyendote

    besicossss

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